Nunca había hecho labor comercial aquí y he aprendido

Miguel Ángel Caramanzana

Con más de medio siglo de trayectoria, la ebanistería Caramanzana ha encontrado en el proyecto Egurbide de Behargintza una fórmula para hacer frente a la crisis

 

Miguel Ángel Caramanzana lleva 45 años trabajando en la carpintería que fue de su padre, que empezó el negocio en Galdakao y tras pasar por el Kalero, desembarcó en la calle Foruak de Basauri, donde la empresa sigue funcionando. Allí empezó él, con apenas catorce años, a repartir los presupuestos que hacía su padre y que le llevaban a callejear por Basauri con sus amigos en lo que solo era un juego. Poco después, empezó a trabajar de ‘pinche’ lijando durante semanas. Miguel Ángel sigue haciendo armarios porque «a mí me gusta este oficio», confiesa. Lo hace pese a las enormes dificultades que ha tenido que atravesar, derivadas de la crisis que golpeó la economía mundial en 2008.

El protagonista de esta historia jamás pensó que las consecuencias serían tan graves. «Nos dejaron una deuda de 200.000 euros y tuve que hipotecarme de nuevo para poder hacer frente a los pagos. No hubiera podido seguir viviendo en Basauri y salir a la calle de otra manera», reconoce. Eso le obligó a trabajar «más horas que un sereno» durante varios años, «sin poder dormir, temiendo el embargo de los bancos».

Pasaba las noches en blanco y los días cavilando las soluciones para salvar su empresa, que quedó reducida de ocho trabajadores a los dos que tiene ahora. Miguel Ángel se embarcó en una franquicia, montó una coqueta exposición de armarios y consiguió abaratar los precios. En definitiva, ser competitivo en un mercado arrasado por gigantes del mueble asentados en las grandes superficies comerciales. Se ha adaptado a los nuevos clientes, «a los que a veces ni siquiera llego a conocer porque se hacen las gestiones por internet» y a los cambios de tendencias que contradicen toda su experiencia como carpintero. «Antes teníamos unos meses fuertes en primavera y a finales de año. Ahora no sabemos nunca qué va a pasar, es muy difícil planificar», asegura. Así que trabaja con montadores autónomos y ha logrado mantenerse en un mercado convulso.

 

La unión hace la fuerza

Miguel Ángel siempre ha pensado que «juntos somos más fuertes». Por eso, le encantó la idea de Behargintza de crear un grupo de empresas de la madera de Basauri y Etxebarri para acceder a mercados más ambiciosos. «Me costó un poco entrar en el grupo porque yo andaba preocupado por
sacar a flote mi empresa, pero tenía claro que quería participar», asegura.

Compartir inquietudes con otras compañías ha permitido a las seis empresas que forman parte del proyecto Egurbide desarrollar una metodología a la que no hubieran accedido en solitario ni sin la ayuda de Behargintza. «Nos organizaron visitas a tiendas de decoración y muebles de Bizkaia y Gipuzkoa», recuerda. «Éramos muy malos porque no estábamos acostumbrados y cuando me tocó a mí hacer esa labor comercial, la noche anterior, no pegue ojo de lo nervioso que estaba», explica entre risas. Sin embargo, la experiencia fue fantástica porque «contactamos con un decorador que nos dio un proyecto grande en el que participamos varias empresas y seguimos trabajando con él», explica. Ahora asegura que «me ha gustado hacer esa tarea».

Miguel Ángel se plantea el proyecto Egurbide como una carrera de fondo. «Los resultados son lentos», asegura, pero ha descubierto un camino que se acerca mucho a su sueño de «compartir un local grande entre varias empresas y hacer una labor comercial conjunta que nos de trabajo a todos».